Hola, familias.
En el aula de 1 año continuamos explorando el vocabulario del invierno (la bufanda) y os dejamos unas imágenes con el grupo realizando una actividad. Son para comérselos. En breve, Macu os dará el conjunto de actividades.
Esta semana seguimos con sesiones
donde el juego se compagina con la iniciación a la identificación de los
números del 1 al 10 mediante una canción que comenzaremos a ilustrar y
próximamente podréis escucharla en casa y ver los resultados. Aquí tenemos
algunas imágenes del grupo ilustrando el pequeño libro ilustrado.
El préstamo para la semana es:
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Alumno/a |
Obra |
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Leo |
Ed
Emberley. ¡Fuera de aquí, horrible monstruo verde! |
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Pedro |
Ezra
Jack Keats. Un día de nieve |
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Héctor |
Gracia
Iglesias y Vicente Cruz (il.). La extraña visita |
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Jordi |
Werner Holzwarth y Wolf Erlbruch
(il.). El topo que quería saber… |
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Olga |
Jon
Klassen. Yo quiero mi sombrero |
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África |
Chris
Haughton. Un poco perdido |
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Sol |
Leo
Lionni. Pequeño azul y pequeño amarillo |
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Sara |
Christian
Voltz. ¡Yo no he sido! |
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Elia |
Tomi
Ungerer. Los tres bandidos |
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Thiago |
Maurice
Sendak. Donde viven los monstruos |
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Liam |
Michael
Grejniec. A qué sabe la luna |
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Gael |
Mem Fox y Helen Oxenbury
(il.). Diez deditos. |
La narración de esta semana tiene como protagonista al álbum Un día de nieve del año 1962 y del autor e ilustrador norteamericano Ezra Jack Keats. Una obra que comparte generación con Los tres bandidos de Tomi Ungerer y Donde viven los monstruos de Maurice Sendak y que el tiempo ha convertido en un clásico por muchos motivos. A nivel lingüístico, el texto presenta un universo y vocabulario accesible para su edad, identificando lugares de la casa, de la calle y de la naturaleza como es el fenómeno de la nevada (aunque en esta zona levantina casi no sabemos qué es). De todos modos, la infancia se siente interpelada por esas emociones de descubrir la nieve y explorar el mundo que le rodea con curiosidad. De nuevo, no tenemos a una figura adulta que aleccione a su protagonista, Peter, en la exploración curiosa de su entorno y la infancia conecta con sus emociones.
El uso de onomatopeyas en el descubrimiento de las capacidades de su cuerpo para jugar con la nieve y una presentación lineal donde el conflicto es el descubrimiento de que la nieve con el calor se derrite y se queda su bolsillo mojado. Sensaciones relacionadas con su contexto, el placer de estar calentito en casa y el anhelo de que la nieve no se vaya para poder jugar al día siguiente. Este es uno de los puntos centrales: la libertad del protagonista para jugar y reconocer el mundo.
El segundo, que el personaje de Peter es negro y esto tiene
especial relevancia histórica: hasta ese momento existían pocos libros
ilustrados donde se presentasen a las personas negras jugando o siendo
protagonistas sin ningún condicionante racial. Simplemente, juegan como lo que
son y sienten: son personas. En la literatura infantil los valores de cada
época marcan la producción y hasta ese momento las personas negras eran
representadas como secundarios con la función de presentarse trabajando a las
órdenes de blancos, delinquiendo o papeles de villanos o se vertían
estereotipos sobre otros condicionantes negativos (y claramente racistas, pero
ya sabemos la historia de Estados Unidos con la segregación racial y una
actualidad que sigue siendo atroz como la respuesta de movimientos como Black
Lives Matter). La importancia de la literatura infantil es que en sus ficciones
aproxima a sus lectores a experiencias subjetivas de sus personajes y les
adentra en la construcción de valores y referentes culturales.
Por este motivo, se creó el Premio Ezra Jack Keats y muchas personas negras agradecieron la publicación de una obra que les retrataba como personas curiosas (lo que eran) y no como delincuentes o mano de obra (aún vivimos la vergüenza en este país de partidos de ultraderecha retratando a los migrantes como “salvajes”, cuando lo son ellos). Estas personas encontraban en Peter un personaje que les representaba: jugaba, tenía amigos, exploraba el mundo y sentía curiosidad como ellos y ellas. Como personas que, en definitiva, es lo que somos. Con este libro también cabe cuestionarse cuántos personajes diferentes a lo que es nuestro grupo social (cada vez somos una población más diversa culturalmente) se representan en los libros infantiles donde los personajes siempre son blancos, no tienen rasgos culturales diferentes y se presenta la escuela como un espacio diverso (todas las personas somos diferentes).
Eso sí, es crucial que esa
representación no sea el único motor narrativo de las obras (como un lavado de
imagen), sino que hay que demandar, buscar y presentar obras de calidad
literaria y artística que contemplen esta perspectiva más inclusiva. Ezra Jack
Keats es un ejemplo de todos estos aspectos en sus obras, una trayectoria
prolífica y una persona que nos hace cuestionarnos sobre la diversidad de
presentaciones culturales que tenemos en el aula. Miles de lectores
afroamericanos celebran que en su infancia hubiera una obra que los describiera
y presentase jugando y con espíritu curioso que, en definitiva, es lo que marca
a la infancia (independientemente de la procedencia, color de piel o estatus
social). Para preservar dicho legado, se creó la medalla Ezra Jack Keats para
destacar obras para la infancia que tuvieran un enfoque inclusivo y donde se
representase la diversidad cultural desde la calidad artística y literaria
(porque no todo vale, sino que hablamos de panfletos y no de literatura). Esperamos
que la lectura en el aula os guste.
Finalmente, San Valentín lo celebramos con un poema de Gabriela Mistral (Premio Nobel de Literatura).









































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