jueves, 30 de enero de 2025

Entrada 18. 27 a 31 de enero

 


Hola, familias.

Esta semana hemos comenzado una serie de actividades centradas en la celebración del día de la paz y la no violencia a partir de un poema de Gloria Fuertes de su obra Garra de la guerra. Esperamos que hayáis disfrutado de las lecturas del Plan de Fomento Lector y esta semana seguimos con la rotación de ejemplares para que todo el alumnado pueda leer estas obras. Os agradecemos que hayáis traído las lecturas entre el lunes y el martes, sabemos que son muchas cosas a lo largo del día y que a veces se nos puede olvidar la bolsa antes de ir a casa. Gracias por seguir las indicaciones y cuidar de los libros.




El préstamo para la semana es:

Alumno/a

Obra

Leo

Gracia Iglesias y Vicente Cruz (il.). La extraña visita

Pedro

Werner Holzwarth y Wolf Erlbruch (il.). El topo que quería saber…

Héctor

Jon Klassen. Yo quiero mi sombrero

Jordi

Chris Haughton. Un poco perdido

Olga

Leo Lionni. Pequeño azul y pequeño amarillo

África

Christian Voltz. ¡Yo no he sido!

Sol

Tomi Ungerer. Los tres bandidos

Sara

Maurice Sendak. Donde viven los monstruos

Elia

Michael Grejniec. A qué sabe la luna

Thiago

Mem Fox y Helen Oxenbury (il.). Diez deditos.

Liam

Ed Emberley. ¡Fuera de aquí, horrible monstruo verde!

Gael

Ezra Jack Keats. Un día de nieve

 


Esta semana os presentamos otro clásico contemporáneo como es El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza. El autor del texto es el alemán Werner Holzwarth y desde su publicación en 1989 se ha convertido en uno de los libros más vendidos de la literatura infantil. Los mecanismos literarios que se aplican en esta obra son sencillos y casi rudimentarios: entender que a la infancia le encantan los animales, humanizarlos como si fuera una fábula y crear un texto repetitivo donde se replica todo el tiempo la misma dinámica de pregunta y respuesta en la doble página. El centro de la temática es el sinsentido y la escatología porque sabe que no hay nada que divierta más a la infancia que la caca y la irreverencia humorística. El libro se cimenta en su narrativa en una búsqueda hilarante de una respuesta de un personaje enfadado y colérico por saber quién ha sido y preguntando a todo tipo de animales que se encuentra a su paso que, con gentilidad, desmienten la acusación cagando. A las personas adultas nos puede parecer poco educativo cuando realmente se muestra el verdadero espíritu de la infancia a través del sinsentido narrativo y el sentido del humor. 


En este caso, como veréis en el vídeo, están completamente sumergidos en su búsqueda y jugamos a anticipar/recordar quién será el animal que aparece después. Esto, a medida que repetimos la lectura en el aula, les lleva a mostrarse seguros al ser capaces de recordar a algunos animales y anticipando con su respuesta qué va a pasar a continuación. Finalmente, el conflicto se resuelve con el topo devolviéndole su minúscula caca en la cabeza al perpetrador de tal incidente: el perro. 




Ese sentido del ridículo del topo con su diminuta caca encima de una cabeza enorme nos divierte y termina la historia con el topo riéndose de poder devolverle la caca. No hay ninguna moraleja, solamente que a la infancia le divierte sobremanera este tipo de narrativas. No hay moraleja ni valor moral, tampoco infantilismo ni voluntad por crear un final donde se llegue a una resolución consensuada para que las personas adultas le digamos a la infancia cómo se debe solucionar un problema. Ni lo pretende ni lo necesitan. Es tan divertido narrarlo en el aula, escuchar su respuesta a cada gesto, onomatopeya del sonido de las cacas, los pedos, etc. Una narración efectiva e imbatible.

Mención aparte merece el ilustrador: el gran Wolf Erlbruch. Este es uno de los ilustradores más importantes de su generación y con una obra esencial a sus espaldas. Su estilo en esta obra es menos sofisticado que en obras posteriores (se dedicaba al mundo de la publicidad antes de decantarse exclusivamente por la creación de obras de literatura infantil). De nuevo, sus obras eluden el paternalismo y habla a la infancia de tú a tú: con respeto por considerarlos personas y no meros recipientes de moralejas adoctrinadoras. Su obra cuenta con los dos premios más importantes de la literatura infantil: el Premio Hans Christian Andersen y el Premio Memorial Astrid Lindgren.

Desafortunadamente, nos dejó hace unos años, pero con un legado imborrable. Disfruten de estas obras y den a la infancia aquello que necesitan: una persona adulta que les entretiene, divierte y acompaña afectivamente desde una visión desenfadada de la literatura. En esta etapa no es tan importante que aprendan a leer, sino que la lectura sea imprescindible en su vida porque esconden historias que nos emocionan, divierten y se comparten en familia.




Finalmente, nos despedimos con una ilustración de Wolf Erlbruch para desear que el mundo en el que crezca la infancia esté exenta de violencia y guerras. Que paren las matanzas cada día en el mundo y como personas adultas apostemos por una convivencia pacífica pese a la crispación que nos sacude todo el día en redes tóxicas como X/Twitter y con el auge de ideas que desembocaron en una de las peores atrocidades de la historia como la Segunda Guerra Mundial (o nuestra triste Guerra Civil). La memoria es esencial para construir un futuro en el que no podemos repetir los errores del pasado simplemente porque el futuro es de vuestros/as hijos e hijas, no de las ideas enajenadas del pasado (y el desagradable revisionismo fascista de nuestros días). No lo toleren, sería imperdonable dejar ese mundo a nuesta infancia. Digan: NO.



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